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3.5.15

Alexandre Dumas

Ciertamente ha de parecer harto presuntuoso por mi parte querer sacar tan grandes resultados de un tema tan insignificante como el que trato; pero soy de los que creen que en las cosas pequeñas está todo.
El niño es pequeño, y contiene al hombre; el cerebro es estrecho, y alberga al pensamiento; el ojo es sólo un punto, y abarca leguas.

Para todo, tiene una aplicación.

2.5.15

La Dama de las Camelias, Alexandre Dumas

Compadecemos al ciego que nunca ha visto la luz del día, al sordo que nunca ha oído los acordes de la naturaleza, al mudo que nunca ha podido expresar la voz de su alma, y, so pretexto de un falso pudor, no queremos compadecer esa ceguera del corazón, esa sordera del alma, esa mudez de la conciencia, que enloquecen a la desgraciada afligida y sin  querer la hacen incapaz de ver el bien, de oír al Señor y de hablar la lengua pura del amor y de la fe.
Cuánta razón.

20.4.15

Once minutos, Paulo Coelho

¿El soldado va a la guerra a matar al enemigo? No: va a morir por su país. ¿Le gusta a la mujer mostrarle a su marido lo contenta que está? No: quiere que él vea cuánto se dedica, cuánto sufre para verlo feliz. ¿Va el marido al trabajo pensando que llegará a su realización personal? No: está dando su sudor y sus lágrimas por el bien de la familia. Y así sucesivamente: hijos que renuncian a los sueños para alegrar a sus padres, padres que renuncian a la vida para alegrar a los hijos, dolor y sufrimiento que justifican aquello que debería proporcionar simplemente alegría: amor.


El cuidado de ti -omitamos frases sexistas.

20.11.13

El lector de Julio Verne, Almudena Grandes

El 17 de julio, madrugó la batalla.

[...]

No se puede vivir así, pero así vivíamos, y los paréntesis de tranquilidad, los meses sin redadas, sin detenciones, sin entierros, no tenían más sentido que la espera, los minutos, los días, las semanas que faltaban para que todo empezara otra vez, para que regresaran los camiones, y las patrullas, y la ruleta rusa de las visitas inesperadas, unos nudillos tocando de noche en la puerta de al lado, quizás en la propia, y nos llevamos a su marido a declarar, señora, pero no se preocupe que se lo devolvemos enseguida, y ya te puedes ir, pero echa por ahí delante, que te veamos bien, y los tiros de madrugada, porque su marido intentó escapar, señora, salió corriendo y no nos dejó otra salida que disparar sobre él, siempre las mismas palabra, los mismos verbos, los mismos adjetivos, la repugnante sintaxis burocrática del terror, el comedido vocabulario de los falsos pésames, la cortesía templada de los asesinos y las ropas teñidas de oscuro que retornarían sin falta a los balcones antes o después, mientras durara aquella guerra que nunca se iba a acabar porque nadie pensaba todavía en rendirse, por más que don Eusebio se empeñara en contar en voz alta los años de paz en algunas fechas señaladas.


Engancha-ojos de verano, otra etapa, y paro.

7.3.13

El hombre sentimental, Javier Marías

Qué cansado es querer, pensé. Afanarse, proyectar, ambicionar, no poder contentarse con la perseverancia y la inmovilidad. Qué cansado es lo concreto, pensé, lo que no tiene más remedio que tener contenido. Qué cansado también lo que aún ha de ser. He luchado demasiado durante mi vida por cosas imperiosas. Llevo camino de triunfar en cuanto me lo he propuesto, y cada mañana, al mirarme detenidamente en el espejo para descubrir los cambios, me cercioro de que llevo el triunfo pintado en el rostro. Pero ahora estoy empezando a cosechar, a no tener que luchar tanto, comprendo que ya he encajado en la rueda y preveo que todo será cuestión de que ésta siga girando como es debido.


Extracto. A las 12.01 en el muro.

15.9.12

Los ciegos, Maurice Maeterlinck

Culpar a alguien y luego arrepentirse. Pasar a tener miedo por ser los siguientes en morir. La diversidad de interpretaciones por no tener visión (o sí tenerla -es el pan de cada día). Una esperanza puesta en el bebé, al ser el único que ve, y en la sabiduría del anciano. Un anciano que predice los hechos. Asfódelos. Tensión impresionante reflejada con los agentes externos. La libertad para elegir su propio camino pero sin otros sentidos, la importancia de éstos mismos. El estigma de los locos.

10.9.12

48, Otro génesis, Poemas Plagiados, Esteban Peicovich

48
OTRO GÉNESIS


El Sol del mar
el Sol del amor
el Sol que se mueve
el Sol de las flores
el Sol de los saludos
el Sol de los marcianos
el Sol de mamá y papá
el Sol del mudo y del solo
el Sol que se saca los rayos de encima

(Nombres dados por mi hijo Alexis, a los siete años, a nueve dibujos sobre el sol, hechos en un cuaderno escolar)


Me gustan todos los tipos de soles.

5.4.12

Capítulo 14, El lector, Bernhard Schlink

Cuando se paran por avería los motores de un avión, eso no significa que se acabe el vuelo. Los aviones no caen del cielo como piedras. Los enormes aviones de pasajeros de cuatro motores pueden seguir planeando entre media hora y tres cuartos, hasta estrellarse al intentar aterrizar. Los pasajeros no se dan cuenta de nada. Volar con los motores parados produce la misma sensación que hacerlo con los motores en marcha. Hay menos ruido, pero no mucho menos: el aire que cortan el fuselaje y las alas hace más ruido que los motores. Llega un momento en que al mirar por la ventanilla se ve la tierra o el mar amenazadoramente cerca. Eso si las azafatas o los auxiliares no cierran las persianas de las ventanillas y ponen un vídeo. Quizá los pasajeros incluso se sientan mejor, al haber menos ruido.

Sentir lo incorrecto.

18.3.12

Capítulo 1, Momo, Michael Ende

En una palabra: los teatros eran tal como la gente se los podía permitir. Pero todos querían tener uno, porque eran oyentes y mirones apasionados.
Y cuando escuchaban los acontecimientos conmovedores o cómicos que se representaban en la escena, les parecía que la vida representada era, de modo misterioro, más real que su verdadera vida cotidiana. Y les gustaba contemplar esa otra realidad.

Restemos algún siglo al 78.

2.8.11

El Torrente y el Río, 17ª fábula de Samaniego

17ª fábula de Samaniego
Despeñado un Torrente
de un encumbrado cerro,
caía en una peña
y a tronaba el recinto con su estruendo.

Seguido de ladrones
un triste pasajero,
despreciando el ruido,
atravesó el raudal sin desaliento.

Que es común en los hombres
poseídos del miedo,
para salvar la vida,
exponerla tal vez a mayor riesgo.

Llegaron los bandidos,
practicaron lo mismo
que antes el caminante,
y fueron en su alcance y seguimiento.

Encontró el miserable
de allí a muy poco trecho
un Río caudaloso
que corría apacible y en silencio.

Con tan buenas señales
y el póspero suceso
del raudal bullicioso,
determinó vadearlo sin recelo.

Mas apenas dio un paso,
pagó su desacuerdo
quedando sepultado
en las aleves aguas sin remedio.

Temamos los peligros
de designios secretos;
que el ruidoso aparato,
si no se desvanece, anuncia el riesgo.

Pongámoslos con mayúscula, que hay personas que con su forma de ser, se parecen a ellos.

1.8.11

Los Navegantes, 13ª fábula de Samaniego

Lloraban unos tristes pasajeros
viendo su pobre nave, combatida
de recias olas y de vientos fieros,
ya casi sumergida,
cuando súbitamente
el viento calma, el cielo se serena,
y la afligida gente
convierte en risa la pasada pena.
Mas el piloto estuvo muy sereno
tanto en la tempestad como en bonanza.

Pues sabe que lo malo y que lo bueno
está sujeto a súbita mudanza

18.2.11

Capítulo 23, La insoportable levedad del ser, Milan Kundera

Las cuatro miradas.
Todos necesitamos que alguien nos mire. Sería posible dividirnos en cuatro categorías, según el tipo de mirada bajo la cual queremos vivir.
La primera categoría anhela la mirada de una cantidad infinita de ojos anónimos, o dicho de otro modo, la mirada del público. Ese es el caso del cantante alemán, de la actriz norteamericana y también del redactor con largas barbas.

La segunda categoría la forman los que necesitan para vivir la mirada de muchos ojos conocidos. Estos son los incansables organizadores de cócteles y cenas. Son más felices que las personas de la primera categoría quienes, cuando pierden a su público, tienen la sensación de que en el salón de su vida se ha apagado la luz. A casi todos ellos les sucede esto alguna vez. En cambio, las personas de la segunda categoría siempre consiguen alguna de esas miradas. Entre éstos están Marie-Claude y su hija.

Luego está la tercera categoría, los que necesitan de la mirada de la persona amada. Su situación es igual de peligrosa que la de los de la primera categoría. Alguna vez se cerrarán los ojos de la persona amada y en el salón se hará la oscuridad. Pertenecen a este grupo Teresa y Tomás.

Y hay también una cuarta categoría, la más preciada, la de quienes viven bajo la mirada imaginaria del personas ausentes. Son los soñadores. Por ejemplo Franz. El único motivo de su viaje hasta la frontera de Camboya fue Sabina. El autobús traquetea por la carretera tailandesa y él siente que su larga mirada se fija en él.
A la misma categoría pertenece también el hijo de Tomás. Lo llamaré Simón. (Se alegrará de tener un nombre bíblico como su padre). Los ojos que anhela son los de Tomás. [...] Aquello lo impulsó a escribirle una carta. No pedía respuesta. Lo único que quería era que Tomás dirigiera su mirada hacia su vida.


La primera y el centro de atención ajeno a ti.
La segunda y el centro de atención junto a ti.
A casi todos se nos apaga alguna vez la luz.
La tercera y el amor.
La cuarta y el padre y los amores extranjeros.

Ella y la segunda y la tercera y la cuarta.