10.5.21

Maternidad

Ahí
Ahí donde no quedan fuerzas, siempre las sacan.
Allí
Allí donde se irían a la cama antes que nadie, te hacen la cena.
Ahí
Ahí donde tú estás bien al fondo, te acolchan y te sostienen, te levantan, te abrazan, te abrazan.
Ahí, ahí está tu madre.
Ahí, sin parar de ser fuerte
toda
su
vida...

17.1.21

Día 5, Loreto Sesma

La chica rock and roll

-

La vi sonreír a la vida en un bar donde las fotos eran de Miguel, y su alquiler conllevaba ya doce años.

Tengo que admitir que me cuesta dejar de mirarla.

Le crecían muslitos de pollo en los dedos, y su sonrisa se llenaba si había notas, o textos, alrededor

-o cualquier otra expresión de arte.

Una vez le dijeron que era un rock and roll, y aunque diga que no lleva el baile dentro, te saca a bailar, y te hace sentir especial, en ese bar.

Tenía un carácter

con estilo de vendaval, por eso, dejaba huella

cada vez que nos veíamos.

En cada coche, sonaba una canción que hablaba de ella, pero ella no lo sabía.

Quizás porque tenía en los ojos un incendio, en las piernas aviones a punto de despegar, y en el corazón sueños que algún día seguro que serían realidad.

Un día me dijo que estaba rota, pero sólo de momento, y luego le dio al rock.

Era fuerte, pero eso ella no lo sabía. Pensaba que se levantaba de cada caída por casualidad, que los naufragios sólo eran una ocasión para nadar,

y soñaba, soñaba con campos, construidos por ella, y su pareja.

Ella era poesía, una canción de Los Secretos, un ritmo de adentro, y un juguete esperando a echar mecha, y rodar, rodar,

y no parar. Hoy te voy a mirar hasta que te duermas. Hoy te voy a mirar hasta que duermas.

Eres demasiado vida.

Y tengo más ganas que miedos.

Guárdame en ti.

Guárdame en tu poesía.

Porque tienes dinamita en la boca cada vez que besas.

Y enfréntame,

a tu alegría.

Suéñame. Y agárrame

Con esas risas después de destrozarnos a caricias en noches de nieve madrileña.

 


Poesía,

Es

Nombre

De Mujer


9.1.21

Tienes flow, Colectivo Panamera

Me gusta escribir

igualito a como leo


Me gusta escribirte

Y acercarme a tu sentimiento

Que me suden las manos

Y de repente,

Llegar y verte



Nos miramos de frente

El pulso se siente

Nos besamos

En una esquina

Y que

la vida

te siga

Poniendo la piel de gallina


Que la piel se erice

Con tu llamada

Tu mirada


Y tu forma sentida.



9.12.20

Un gran riu de fang, Pau Vallvé

 Si pogués triar un poder


Fent cas a l'inconscient


Diria que ho tinc clar:


Voldria (...)

8.9.20

Abrazar, Goizane

Abrazar.

Todo lo que se dice con el cuerpo

Y lo que no se dice cuando hay distancia.

El calor que atraviesa el pecho,

La mirada de encuentro que viene después.

.

Un abrazo es como ver al otro

Hablar con el otro

Escuchar cómo está.

Intento recordar que somos una especie que no sobrevive sin contacto.

.

Aguantaremos esta Distopía.

Y A quién tengáis cerquita.

Abrazadle.

7.9.20

Si perdemos te pierdo, Ciudad Jara

¿Qué

País

 Esconde

Tu

 Manta?



Qué te gusta,

Qué te hace perder el sueño,

Qué te hace ganarlo,

Qué te lleva a recorrer tanto,

Qué odias

Y qué escondes

Qué sientes

Y qué aguardas.


El país,

de tu manta.

13.4.20

Cuando Cupido es una periodista curiosa, Modern Love

Michael, no necesitamos ir a ningún hotel para saber que aún nos queremos,
está claro que es así;
el recordarte me ha ayudado muchas veces en la vida y con sólo creer que tú existías (aún) yo...

(...)

Joshua no quiere despertar en 20 años y arrepentirse de su silencio;
La historia de un amor no vivido ni experimentado

2.4.20

Sociedad distópica

Vivimos ebrios de ideas e ideales, confundiendo vida y fantasía. Bajo su apariencia prosaica, la vida, cualquier vida, es mucho más hermosa e intensa que la mejor de las fantasías. Mi compañera real, por ejemplo, es mucho más hermosa que la idea maravillosa que yo pueda hacerme de ella. Mi novela real es infinitamente mejor que cualquier novela imaginada, entre otras cosas porque esa novela imaginada ni siquiera existe.


Sofía.

1.4.20

Creo en ti

Creo en ti
Sin cegarme ni ponerte exclamación
Como en el buen humor, creo en ti
Como creo que la unión hace la fuerza
Creo y soy para el mar y del mar,
Creo en ti

Creo en ti
Y tu ausencia pasa a ser mi eternidad
Tu silencio, mi paz
Tu recuerdo, mi motor
Y a pesar de todo seguiré creyendo en ti

Creo en ti
Como el águila en sus alas al volar
Como hija a madre
Como en la libertad, creo y sé
Que mi mundo cabe todo en un bolsillo
Ámalo y por siempre hazme que
Crea en ti

Creo en ti
Como el sol que cree en cada amanecer
Como en mi evolución
Como el miedo en el valor
Como el miedo a lo que está por llegar
Creo en ti, mi estrella, creo en ti

Creo en ti
Y tu ausencia pasa a ser mi eternidad
Tu silencio, mi paz
Tu recuerdo, mi motor
Y a pesar de todo seguiré creyendo en ti

Creo en ti
Y tu ausencia pasa a ser mi eternidad
Tu silencio, mi paz
Tu recuerdo, mi motor
Y a pesar de todo seguiré creyendo en ti
Tu silencio, mi paz
Tu recuerdo, mi motor
Y a pesar de todo creo y creeré en ti

25.3.20

Te regalo, Carla Morrison

Déjame a través de mi mirada
Darte todo mi esplendor

Déjame quedarme aquí
Déjame besarte ahí
Donde guardas tus secretos
Los más oscuros y los más bellos, los que impides que salgan, atándolos cuando les haces asomar

Te regalo mis piernas
Recuesta tu cabeza en ellas, para descansar, para acariciarte, para que llores, para que me las comas
Te regalo mis fuerzas
Úsalas cada vez que no las tengas durante estos momentos tan nuevos para todo el mundo

Te regalo las piezas
Que a mi alma conforman
Que nunca nada te haga falta a ti
Te voy a amar hasta que esta situación vaya a morir
Te voy a amar hasta que esta situación vaya a morir

Déjame jugar contigo y deja callar a tu seriedad, a tu experiencia, a tu malestar
Déjame hacerte sonreír en medio de tanta tensión e incertidumbre
Déjame darte de mi dulzura
Pa' que sientas lo que sentí sin saber que esto que sentimos iba a nacer cuando te vi

Déjame cuidarte
Déjame abrazarte
Déjame enseñarte todo lo que tengo
Pa' hacerte muy feliz sin tu muro


Te regalo mis piernas
Recuesta tu cabeza en ellas
Te regalo mis fuerzas
Úsalas cada vez que no tengas, y déjame abrazarte las lágrimas

Te regalo las piezas
Que a mi alma conforman
Que nunca nada te haga falta a ti
Te voy a amar hasta que esta situación vaya a morir

Te regalo mis piernas
Recuesta tu cabeza en ellas
Te regalo mis fuerzas
Úsalas cada que no tengas más ganas de seguir con tu proceso

Te regalo las piezas
Que a mi alma conforman
Que nunca nada te haga falta a ti
Te voy a amar hasta que esta situación vaya a morir
Te voy a amar hasta que esta situación vaya a morir
Te voy a amar hasta que esta situación vaya a morir

21.3.20

Rima XXI y 21 de marzo, Bécquer

pero cómo decírtelo,
si poesía
...
eres
tú.


Me entero de que es hoy
Me entero, por Goi, de que es hoy.
Y me viene a la cabeza esa frase de 'poesía...eres tú'.
Este inicio que marco.

Y quiero escribir algo,
por el Día (de la poesía).
Algo que me venga. Algo que fluya como cuando me pongo a escribir.

Y entonces, busco ese origen, esa frase. Para leérmelo entero,
'con patatas'.
Y ahí,
ahí es cuando, esto,
todo,
se me para.
Y trago, trago la bola.
Y me quedo con el aire,
suspirado.
Y entonces, lo que iba a escribir, se resume

en esto:


¿Qué es poesía?, dices, mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul,
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.

15.2.19

Sueños actuales repetidos, y repetidos, Kant

El sueño, ese arte poético involuntario ...


22.8.15

El Casarito

Si te gusta la naturaleza, bienvenido al mundo de Elías.
Disfrutarás esta experiencia con la fauna local: fabulosas y corpulentas arañas,
a las que echarás de menos al irte de casa dejando dos moscas dentro.
Hasta ahora, aprovecho para una confesión: sólo conocía dos tipos de arañas: las zancudas, y las de la BBC. Sin embargo,
he podido aprender más de ellas en El Cabalo city. Tanto fue así, que incluso pude practicar mis conocimientos de primeros auxilios: ¿cómo dar la
vuelta a los bichos?.

Entrando por la puerta de la casa-árbol (las dimensiones eran bastante reducidas), he aquí unas observaciones:
- Al abrir la puerta, entra lo más rápido posible. Ten cuidado con los escalones y la mesa, pues puedes
fastidiar el fabuloso menaje dejado por el propietario, menaje diseñado para el usufructo del arrendatario (ojo, supuestamente).
- No lleves productos de cocina (aceite, sal, vinagre,...), pues la cantidad dejada de esto, y de los productos típicos de la tierra,
es tan considerable, que no es, en absoluto, necesario llevarlos por cuenta propia.
Y si quieres comer un buen cocido, vete al restaurante (no al suyo, ya hace lo suyo de ruido): en casa no podrás hacerlo. Y de hecho,
la única cazuela tampoco da mucho de sí.

Ahora entiendo por qué en la zona se dedican al cultivo de la miel:
las abejas están en todos lados. En la ventana del baño, la puerta de entrada,...

Hasta nunca, E.
Hasta siempre, M.



En colaboración con salada.

3.5.15

Alexandre Dumas

Ciertamente ha de parecer harto presuntuoso por mi parte querer sacar tan grandes resultados de un tema tan insignificante como el que trato; pero soy de los que creen que en las cosas pequeñas está todo.
El niño es pequeño, y contiene al hombre; el cerebro es estrecho, y alberga al pensamiento; el ojo es sólo un punto, y abarca leguas.

Para todo, tiene una aplicación.

2.5.15

La Dama de las Camelias, Alexandre Dumas

Compadecemos al ciego que nunca ha visto la luz del día, al sordo que nunca ha oído los acordes de la naturaleza, al mudo que nunca ha podido expresar la voz de su alma, y, so pretexto de un falso pudor, no queremos compadecer esa ceguera del corazón, esa sordera del alma, esa mudez de la conciencia, que enloquecen a la desgraciada afligida y sin  querer la hacen incapaz de ver el bien, de oír al Señor y de hablar la lengua pura del amor y de la fe.
Cuánta razón.

28.4.15

Pasa hambre, no te muevas del sofá y la televisión, no trabajes, pero toma un antidepresivo, Paco Martínez Granados

Si el Estado, y el Sistema Nacional de Salud tuvieran una voz, como uno de los personajes de V de Vendetta que se llama precisamente así “la voz”, la frase con la que pongo titulo a este artículo sonaría grave e impersonal al otro lado del teléfono rojo. La persona que cuelga el teléfono es Violeta, una señora que no llega a los 60 años y que acude a una Escuela Comunitaria donde estamos atendiendo a personas en riesgo de exclusión social. Se la puede ver llegando en un movimiento lento y con ayuda de un bastón, las piernas hinchadas, avanza como un elefante recién salido de una jungla espesa y absurda, lenta, en un vaivén que anuncia una carga vital fuera de lo soportable. Llama al timbre, esboza una sonrisa, y nos da las gracias, sencillamente, por invitarla a pasar. Llamémosla Violeta.

Violeta se desplaza hasta un despacho con una mesa y dos sillas y pide un vaso de agua, le ha costado llegar hasta aquí. Vuelve a dar las gracias, se coloca sus gafas que se escurren por su rostro debido al sudor, es un gesto que repite cada cierto tiempo, apoya su bastón en la mesa y saca una carpeta azul, estira dos gomas y las suelta delicadamente sin hacer ruido. De la carpeta saca varios informes grapados y meticulosamente ordenados, uno de su médica de cabecera, otro con su medicación recién impresa por el psiquiatra a quien visitó la tarde anterior y otro es de la trabajadora social que está cursando su minusvalía.

Empiezo revisando el papel impreso con su medicación actual, hay metformina (para una diabetes tipo II), hidroclorotiazida-enalapril (para la tensión), simvastatina (colesterol), lorazepam para dormir, hay omeprazol, paracetamol y tramadol (analgésico opioide), y ayer tarde, tras su visita al psiquiatra, desvenlafaxina (un antidepresivo dual).

Violeta empieza su relato y disculpadme si lo narro a trompicones, siguiendo las trazas que me dejó el recuerdo. Me respondió que sí, que en su familia había antecedentes de muerte por eventos cardiovasculares, y que ella misma había sufrido “dos anginas”, que seguro que acaba como su madre, con un ataque al corazón que está sufriendo tanto; que sí, que no se encuentra bien, que sólo quiere morirse, que demasiados problemas la afligen, por ejemplo el dolor que no cesa, necesita ayuda hasta para incorporarse de la cama, que lo único que le mitiga ese sufrimiento es nadar, “es una maravilla poder flotar”, “en el agua puedo moverme libremente, y hacer ejercicio, muevo los brazos, las piernas, el dolor desaparece, ahí sí, nadando sí”. Yo le digo que eso es magnífico, que vaya a nadar, que el ejercicio es el mejor remedio para minimizar el riesgo cardiovascular que tanto le preocupa, que vaya todos los días un ratito, pero me dice que no puede, que no puede pagarse los veinte euros que le cuesta al mes, que precisamente su médica de cabecera hizo un informe recomendando fervientemente la natación, “también para el dolor de espalda” y que la trabajadora social le está tramitando un bono descuento, pero que aún con eso, le seguiría costando diez euros, y eso es imposible, “yo no puedo pagar eso, ni siquiera tengo para comer”.

Enseguida constato que en sus analíticas los niveles de glucosa, hemoglobina glicosilada y colesterol están bien lejos del límite superior de referencia y me vino a la cabeza eso que leí en el libro del médico Juan Gervas de que los eventos cardiovasculares no dependían de estos parámetros biológicos tan sonados, sino de otros bien distintos, como la pobreza y que esta no aparece en ninguna tabla de riesgo cardiovascular. El infarto al corazón, efectivamente, es cosa de pobres.

En ese lapsus de tiempo que dura apenas un instante vuelvo al relato de Violeta, ahora está contándome que no come carne, ni pescado “y mira que yo he sido pescadera toda la vida” y que apenas come unas verduras que el verdulero de su barrio tiene a bien regalarle “ese hombre es un santo, sino fuera por él, ya no sé qué habría hecho”. Dice que acude a Caritas, pero que no siempre puede comer allí (no entiendo muy bien por qué y decido abordar esta cuestión con más detalle en otro momento). Que ha intentado encontrar trabajo, pero que con lo último que le pasó, ya ha perdido la esperanza. “Ahí me mataron”- me dijo. ¿Cómo que ahí la mataron? “Pues eso, que me pusieron un día de prueba en una pescadería, y me dijeron que muy bien, que había sido muy simpática y que se notaba que tenía destreza con el cuchillo, pero que lo sentía mucho que no podía cogerme, porque estaba muy gorda y me movía muy despacio y que necesitaban a alguien que trabajara más rápido”… “Ahí, de verdad, me mataron, ya no he vuelto a salir”.

¿Y cómo duerme?- le pregunto, y me dice que se acuesta a la una o dos de la madrugada, que se queda en el sofá viendo la televisión hasta el hastío porque “no me entra sueño”, y que luego se queda dando vueltas en la cama pensando en sus problemas, que se quiere morir, que no ha hecho nada aún porque tiene que cuidar de una pareja de ancianos que a ella le ayudaron mucho cuando vivían en Ciudad Real “cuando lo del bar salió mal y me arruiné”, y que ahora ha pasado el tiempo y ellos están mayores y necesitados, y que ella tiene ahora el deber moral de ayudarles, y que lo va a seguir haciendo hasta el final, pero que le da miedo que le acabe dando un ataque al corazón como a su madre, y entonces qué va a ser de ellos, quién se va a encargar de ellos.

Le pregunto por su visita al psiquiatra la tarde anterior. “Sólo hacen que darme pastillas, sólo eso, me atiborran a pastillas”. Repaso mentalmente la información que me viene a la cabeza: Desvenlafaxina, un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina y norepinefrina, es el principal metabolito activo de venlafaxina, un fármaco que lleva más tiempo en el mercado, y que entre otras cosas, es conocido por su efecto tóxico cardiovascular, ya que al aumentar los niveles de aminas (noradrenalina y dopamina) también a nivel cardiaco, aumenta, de manera dosis-dependiente la tensión arterial, y por tanto, el riesgo cardiovascular. Sobre los beneficios potenciales que le puede proporcionar a Violeta tengo mis dudas (de acuerdo con una amplia y extensa bibliografía que he leído al respecto) y además las primeras semanas de tratamiento provoca una sintomatología ansiosa que muchos no toleran. Venlafaxina, junto con paroxetina son los antidepresivos de segunda generación que inducen los síndromes de abstinencia más graves (debido a su corta vida plasmática), lo que hace que muchos desarrollen un temor atronador a dejarlos. Un último dato que me viene a la cabeza en ese momento: recuerdo que venlafaxina era el antidepresivo de segunda generación con más abandonos de tratamiento por intolerancia, en los ensayos clínicos. A todo esto el nuevo fármaco cuesta 23 euros al mes, que lo financia el Sistema Nacional de Salud. Nunca antes Violeta había tomado antidepresivos. No lo entiendo, porque venlafaxina no es un antidepresivo de primera elección según las guías clínicas, entre otras cosas por los inconvenientes que acabo de exponer. Más bien se suele reservar para estados depresivos refractarios, como última opción.

Violeta me mira, le pregunto si alguien le está midiendo la tensión arterial de vez en cuando, y me dice que no, que hace años que no se la toma, “qué más da, yo sólo quiero comer y que me den un bono para entrar a la piscina municipal”. Recuerdo otra frase: “seguro que aquí sí que me vais a ayudar”. Y lo cierto es que no estoy seguro de eso. No cabe duda que lo vamos a intentar, llamaré a la trabajadora social y me coordinaré con ella a ver si podemos conseguirle el bono para la piscina, también hablaré con la farmacia de su barrio a ver si le toman la tensión sin cobrarle y así podremos saber si el antidepresivo se la está aumentando, también trataré de coordinarme con una despensa de alimentos, y con alguna asociación que sé que está trabajando haciendo recanalizar los alimentos que los supermercados tiran a la basura por defectos, o porque van a caducar pronto (en el Estado Español se tiran cada año 7,7 millones de toneladas de comida en buen estado según leí hace poco) y los rescatan para los que no tienen qué comer. Hay lógicas que son contundentes. Y otras no. Rescatar alimentos en buen estado de la basura para dárselos a los que no pueden comprarla es contundente. Darle un antidepresivo y encima con este perfil farmacológico a Violeta no lo es.

Me pregunto si no hubiera sido más terapéutico que la voz al otro lado del teléfono rojo hubiera sonado cálida y humana, emanando dignidad y le hubiera dejado de dar un cheque de 23 euros al mes al fabricante del antidepresivo para dárselo a Violeta para que pudiera así pagar su bono en la piscina municipal y aún le habrían sobrado 13 euros para comprar pescado para tres días. Tampoco hubiera estado mal que le hubiera dado el trabajo, aunque fuera lenta, pero Michale Ende estaba en lo cierto cuando escribió Momo, los hombres grises han robado el tiempo, y con él han dejado un color cenizo en el rostro de sus reos que ya no se paran a hablar, ni a hacer bien su trabajo, como Beppo el Barrendero, que barría cada baldosa con amor, sin contar el tiempo ni cuantas baldosas barría. No nos tomamos el tiempo para hablar, ni para pensar, ni para hacer las cosas con amor, tan sólo para recetar y dispensar pastillas, cuantas más mejor, y en el menor tiempo posible.

Paco Martínez Granados


...Cuidar en qué nos hemos convertido.

20.4.15

Once minutos, Paulo Coelho

¿El soldado va a la guerra a matar al enemigo? No: va a morir por su país. ¿Le gusta a la mujer mostrarle a su marido lo contenta que está? No: quiere que él vea cuánto se dedica, cuánto sufre para verlo feliz. ¿Va el marido al trabajo pensando que llegará a su realización personal? No: está dando su sudor y sus lágrimas por el bien de la familia. Y así sucesivamente: hijos que renuncian a los sueños para alegrar a sus padres, padres que renuncian a la vida para alegrar a los hijos, dolor y sufrimiento que justifican aquello que debería proporcionar simplemente alegría: amor.


El cuidado de ti -omitamos frases sexistas.

20.11.13

El lector de Julio Verne, Almudena Grandes

El 17 de julio, madrugó la batalla.

[...]

No se puede vivir así, pero así vivíamos, y los paréntesis de tranquilidad, los meses sin redadas, sin detenciones, sin entierros, no tenían más sentido que la espera, los minutos, los días, las semanas que faltaban para que todo empezara otra vez, para que regresaran los camiones, y las patrullas, y la ruleta rusa de las visitas inesperadas, unos nudillos tocando de noche en la puerta de al lado, quizás en la propia, y nos llevamos a su marido a declarar, señora, pero no se preocupe que se lo devolvemos enseguida, y ya te puedes ir, pero echa por ahí delante, que te veamos bien, y los tiros de madrugada, porque su marido intentó escapar, señora, salió corriendo y no nos dejó otra salida que disparar sobre él, siempre las mismas palabra, los mismos verbos, los mismos adjetivos, la repugnante sintaxis burocrática del terror, el comedido vocabulario de los falsos pésames, la cortesía templada de los asesinos y las ropas teñidas de oscuro que retornarían sin falta a los balcones antes o después, mientras durara aquella guerra que nunca se iba a acabar porque nadie pensaba todavía en rendirse, por más que don Eusebio se empeñara en contar en voz alta los años de paz en algunas fechas señaladas.


Engancha-ojos de verano, otra etapa, y paro.

9.7.13

Trazos de dibujo

Entre esos trazos que se enmarañan, se superponen, se duplican, se cruzan y se solapan, escogeré el mejor, el que me parezca más ágil y más expresivo a la vez, más claro, más sencillo, el que exprese el máximo movimiento. Esta forma de proceder calcando también me...

En esta fase es cuando utilizo toda mi energía. Dibujo con furia, con rabia, borro, tacho, echo pestes, me enmiendo, me ensaño, maldigo, esbozo otra postura. Incluso a veces sucede que de tanto empeñarme en una postura agujereo el papel, por lo absorto que estoy tratando de conferir a la expresión o al movimiento la máxima intensidad.


Entre imágenes ajenas.
Hergé.

20.5.13

El mito de la duda diaria, ONMADRID

La globalización trae cosas de fuera que no siempre se ajustan a nuestras particularidades locales.
La ducha, por ejemplo. Secar el Manzanares a base de dudas para no oler a español es una pérdida inútil de recursos naturales y, además, atrofia el olfato, que a veces vale más que mil palabras.
Mauricio Bralsh es el impulsor de la plataforma Sobaco Natural.
[...]
"El sobaco global es un no-lugar anatómico", añade.


Lo que no se publique, se pudre.
Digo.